Llego como
todos los días y lo encuentro al “Curdita” conversando con un morocho, bien
morocho, ya casi tirando a negro.
-Buenas,
-saludo.
-Buenas, -me
saluda el “Curdita”.
-Buenas, -dice
el otro y agrega- bueno “Curdita” me voy, después nos vemos.
Yo miraba nomás
y la verdad que no entendía nada.
-Chau Toly-toly.
–dice el Curdita” que lo despide.
-Ehhh, -le
digo- que le pasa a este que tiene esa cara.
-Lo que pasa,
-dice el “Curdita”- que han desaparecido varios gatos y le echan la culpa a él.
-¿Qué?¿come gatos?, -pregunto.
-¿Gatos?, -dice el “Curdita”- gatos y todo lo
que se le cruza en el camino, con decirle que le llaman “el Hanníbal cordobés”
-No me diga,
-Y si, -dice el
·Curdita” mire que la otra vez venía con una cara peor que la de hoy, le
pregunto que le pasa, ¿y sabe que me contestó?:
-Es que hoy a
las doce me comí un negro tartamudo y todavía lo ando repitiendo.
-Un tartamudo y
todavía lo andaba repitiendo ja, ja, ja, -la risa del “Curdita” que continúa- y
hablando de comida, ahora le cuento dos anécdotas del Toly- toly, una cuando
fue a un comedor.
Resulta que va
el Toly-toly al comedor, se sienta en la mesa y el mozo muy atento le trae la
carta y le dice: sírvase señor la lista de las comidas
-¡No! -dice “el
Hanníbal cordobés”- mejor muéstreme la lista de clientes.
-Mejor muéstreme
la lista de clientes. Ja, ja, ja, -se reía el “Curdita”.
Y otra vez
cuando fue a visitar a un amigo quién lo invitó a almorzar, y ya en el medio de
la comida dice el amigo
-No hay caso,
no puedo tragar a mi suegra.
- Y bueno, -dice “el Hanníbal”- dejala y come las papas.
-Dejala y comé
las papas, ja, ja, ja, nos reíamos nosotros. Cuando ya vimos a uno que venía
por el frente sacando pecho, y me dice el “Curdita”
Llego una vez
más hasta la catedral del “Curdita” y ahí lo veo firme como clavo é mesa en su lugarcito
de siempre.
-Como anda “Curdita”
–le saludo como todos los días
-Y bien nomás, -me
dice él.
-La verdad se
ve que usted nunca tiene problemas, -le digo.
-Y no, la
verdad que los disimulo bastante bien, -me dice.
-Puede ser, -le
digo.
Pero hablar de los
que no se hacen problema, es hablar del Cara é Barro, otro amigo que tengo.
-Ahá, le digo,
y se acuerda de alguna anécdota en particular.
-Y si mire le
voy a contar dos
-Muy bien le
digo
-Voy a empezar
con una cuando el Cara é Barro andaba con otro amigo más chupau que él
-Muy bien, lo
escucho.
-Resulta que una
madrugada venían muy cansados de caminar y deciden cortar camino viniendo por
la vías del tren para llegar hasta su rancho, pero estaban reventados de tanto caminar
que deciden descansar un ratito, y el amigo le dice:
-Yo me tiro
aquí al medio nomás.
-Bueno,-dice el
Cara é Barro- y yo para no molestarte me acuesto un poco más a la orilla.
Asi lo hicieron.
A los 5 minutos viene el tren y al que estaba al medio de las vías lo desparrama
por todos lados, la cabeza por acá, las patas por allá, los zapatos por otro
lado, los brazos más a la orilla.
Claro con ese
ruidazón se despierta el Cara é Barro pero todavía muy chupado.
Se acerca a las
vías mira y dice:
-Pá que sos
desordenado para dormir.
-Hola amigo el
cara é Barro, -dice el “Curdita”
-Ja, ja, ja,
-nosotros.
-Y otra vuelta,
-sigue narrando el “Curdita”- siguiendo con esta situaciones macabras le vuelve
a suceder otra circunstancia parecida al mismo cara É Barro.
-Si, -le digo.
-Exactamente,
-dice el “Curdita” y sigue- resulta que un día estaba tranquilito bebiendo a la
par del río, cuando ve que un guaso se tira vestido al agua, como estaba
pandito, el guaso sale del agua se saca el cinto y se ahorca en un árbol
cercano. Y el Cara é Barro lo miraba nomás.
Al rato un
ruido bárbaro de sirenas, dos o tres móviles de la policía, y el Cara é Barro
nada, los mira nomás.
Ya se acercaron
más los policías al Cara é Barro, y ya enojados le recriminan y le dicen por qué
no había hecho nada para impedir que se ahorcara el guaso, a lo que dice el Cara
é Barro:
-Es que yo
creía que se había colgau pá secarse.
-Creía que se
había colgau para secarse, -repite el “Curdita”
-Ja, ja, ja, -nosotros,
cuando vemos que viene uno despacito por la orilla de la calle
-Sabe como le
dicen a ese, -me pregunta el “Curdita”
-La verdad que
no- le digo- ¿cómo?
-Ataja pollos, -me
dice.
¿Por qué? -le
pregunto.
-Por que cuando
está muy chupau, -dice el “Curdita- viene por el medio de la calle como
atajando pollos.
Llego como
todos los días a visitar al “Curdita” y ahí lo veo, como siempre a la sombrita
y bien acompañado por un “tetra” medio arropadito con un trapo húmedo para que
no se caliente.
-Buenas, -le
digo,
-Buenas, -me
dice.
-Hoy casi no
vengo por que anoche he estado en un velorio, -le digo- pero hice el esfuerzo y
acá estoy.
-Muy bien, -me
dice- y ya que lo menciona me acuerdo una vez que cruzábamos por un barrio con
el “Corcho”, eso sí no me pregunte que barrio, por que ya ni me acuerdo, pero
ahí estábamos los dos, justo parados al frente de una empresa de pompas
fúnebres, cuando llega una ambulancia de la que bajan un muerto en un ataúd
para velarlo en el susodicho local.
-Vio compadre,
no somos nada, -le digo.
-Claro
compadre, -me dice- pero me parece que este es menos que nosotros…, y todo por
una pelea.
-¿Cómo por una
pelea?, -le digo y pregunto- ¿quién le ha dicho a usted que ese se a muerto por
una pelea?, si vaya a saber que le habrá pasado.
-¿Cómo que le
habrá pasado, no ve que lo mataron en una pelea? –me vuelve a decir.
-¿Y vos como lo
asegurá, -le digo- como lo sabé?
-No sea
inorante, no sabé lee que dice allí: SE PELIO.
Llego como
todos los medio días hasta el lugarcito del “Curdita”, aunque hoy la postal está
un poco diferente debido a la llovizna que amenaza.
-Como anda “Curdita”,
-le digo.
-Y bien, -me
dice- aunque medio húmedo y esperando que llovizne nomás.
-Pero usted se ha
pertrechado lindo debajo de esta enramada, -le digo.
-Y uno hace lo
que puede, -dice el “Curdita” que agrega- y ya que ha venido le voy a contar de
algunas salidas húmedas... por el agua por supuesto.
-Como no, -le
digo.
-Resulta que
una vez, -dice el “Curdita”- veníamos con Corcho é Boteya, remamadazo los dos, abrazados como hermanos en
desgracia, nos veníamos sosteniendo como podíamos uno contra el otro para no
caernos, de repente una neblina terrible y así de golpe.
-Eh, -dice el
Corcho desconcertado- ¿qué pasa?
-No se
compadre, -le digo yo ya medio asustado- con esta neblina no se ve ni la calle.
-Qué calle hip,
“Curdita”, -me dice el Corcho- si hemos entrado en un baño turco, ja, ja, ja.
-Ja, ja, ja,
-nosotros.también.
-Y otra vez,
-continúa el “Curdita”- otra vez que lloviznaba fuerte veníamos también
bastante entonado con el “Cordero”, porque tenía cuatro pata é lana,(pata é lana: persona que usurpa los "nidos" ajenos) pero no nos importaba nada la llovizna por
que veníamos contento, ni se por qué, pero veníamos contento. Y cuando llegamos al frente de su
casa le digo:
Entre nomás
compadre que aquí se está mojando todo.
-No importa,
-dice, y empieza a gritar frente a su casa- deje nomás compadre que llueva y pueda ser
que se ahoguen tooodos los cuernudos…, si compadre hip…, que se ahoguen tooodos
los cuernudos.
Y sale la
mujer enojada y le grita:
-Pasá viejo
pavo, como si vos supiera nadar.
-Ja, ja, ja,
nosotros, -mientras el “Curdita” parece buscar a alguien con la mirada y pasa
uno.
-Y usted no sabe, -me dice- lo que me
pasó un día que como siempre salgo para ver si puedo comprar algo y hacer la diferencia. Entro en un barrio por
primera vez, por las casa se notaba que eran de ricachones.
Yo a los gritos:
-Compro camas
viejas, botellas, huesos, cobre. Bronce..., y me paro como siempre en una
esquina por las dudas aparezca algo.
Y sí, aparecen dos ricachonas al frente de sus casas que me
miran y comentan:
-¿Cómo no van
ha ser pobres si se lo pasan comprando porquerías?
Así que me lo
tuve que tragar nomás, le dí rienda al Jilguero, el matungo y salimos
calladitos los dos, pero me quedé con la sangre en el ojo.
Al otro día le
digo al Jilguero vamos a ir por el mismo lugar a ver si encontramos a estas dos
ricachonas.
Fuimos, de
lejos se veían que las dos estaban en la puerta y cuando estábamos llegando al
frente de sus casas yo a los gritos:
-Compro autos, compro
camiones, y estas viejas me miraban como extrañadas, y ya me agrandé más todavía
y seguía a los gritos:
-Compro
camiones, compro aviones, ¡quééé!!! las
viejas los ojos grandotes como si le estuvieran poniendo supositorios de hielo,
no lo podían creer, y lo miro de reojo al Jilguero, parecía que estaba a las rizadas
por dentro, y ya pasando bien al frente un último grito:
-Compro trasatlántico,
-las viejas me miraban nomás pasar sin decir ni una sola palabra, mudas las
dos. Les tapé la boca.
-Ja, ja, ja,
nosotros.
-Y otra vez
recordando aeso que saben hacer
preguntas sonsas.
Usted sabe que
andaba medio mal así que conseguí unas flores y me fui a venderlas a la puerta
del cementerio como siempre me rodeo de ellas para que la gente elija, cuando
pasa un guaso y me grita:
-¿Vendí flores
varón?
-No si vuá sé
mis primavera, -le digo, yo mis primavera.
-Si hay otro
personaje que usted debe conocer, -me dice el “Curdita”- es el “Lope” el carrero si le digo que tiene mil oficios, seguro que me quedo corto, y si le digo que
tiene mil anécdotas para contarle segurísimo que me quedo más corto todavía.
-La verdad que
me está entusiasmando la idea de conocerlo, -le digo.
-Pero vaya nomás
mi amigo, -dice el “Curdita”- dígale que va de parte mía, incluso yo ya le he
hablado algo de usted.
-Bueno, y
muchas gracias, -le vuelvo a decir. -Se va a dar cuenta fácil de la
casa, -me dice el “Curdita”- de aquí no hay como herrarle, cruza en diagonal y se
encuentra con el letrero de “FLETE”.
Ah eso sí no le
vaya a decir López por que se enoja ya que él dice que se llama “Lope”, sin
zeta.
-Si más o menos
la ubico, -le digo y me despido del “Curdita”.
Cruzo la calle
y me llego hasta la casa del “Lope”, un letrero pintado artesanalmente casi con
una brocha que decía bien grande: FLETE, un poco más allá otro que decía: servicio puerta a puerta, al fondo se
veía la casita rodeada de tarros con botellas y otras cosas más.
-Buenas, -le
digo.
-Buenas, me
dice y agrega- que le hace falta amigo, o es que tiene algo para vender.
-No, -le digo-
ni una cosa ni la otra, solo pasaba a saludarlo ya que me había hablado tan
bien de usted nuestro amigo en común el “Curdita”
-Común, -me
dice- comunnna damajuana, ya que siempre está en curda ese cristiano. Pero
usted debe venir por algunas cosas que me han pasau en la vida. Y bué, como no!
al que pide, aquí Lope no le niega nada.
-Ajá, -le digo-
muy bien, recuerda alguna anécdota.
-Ayer nomás,
-dice Lope- como usted ve una de las cosas que hago yo es comprar baterías,
botellas, cobre, lo que se cruza, así que salgo a la calle con el carro y empiezo
a gritar:
-Compro botellas
vacííías, trapos vieeejos, diaaarios, baterííías…y me paro en una esquina un
ratito a esperar, cuando se me acerca una señora y me pregunta:
-Señor, seré
curiosa...
-Diga usted seora
nomás. –le digo.
-¿Qué hace con
todo lo que compra? –me pregunta… que hago con todo lo que compro me pregunta…
-Tengo una boutique, -le digo- tengo unaBoutique…
-Ja, ja, ja,
nosotros.
-Y otra vez,
hablando de estas preguntas sonsas, -dice Lope- resulta que compro una carrada
de melones, me pongo en una esquina y desparramo todos los melones alrededor
del carro para que elija la gente sin ningún problema cuando pasa uno de esto
medio descolgados y me dice:
-¿Oiga don, vende melones? Y que me sale decirle:
-No si vua se´ lagallina Turuleca, -le digo- la gallina Turuleca… -Ja, ja, ja, las carcajadas.
Y con esto le digo hasta mañana,
seguramente con otras anécdotas de Lope.
Llego hasta el
lugar del “Curdita” y lo encuentro allí, como siempre mirando,como solo los curditas miran.
-Buenas, -lo
saludo.
-Buenas, -me
dice y agrega- a usted cada vez lo veo más ralito que bigote é lampiño.
-Tiene razón,
voy a tratar de venir más seguido, -le digo y continúo- y se acuerda de alguna
anécdota para contarme.
-Puede haber
alguna, -dice el “Curdita”
- Muy bien, -le digo- estoy bien
dispuesto a escucharlo.
-Le voy a
contar de una vez salimos juntos con el Corcho é Boteya…, que ese sí que es
pior que yo.
-Resulta que
una vez fuimos a un bar, ya ni me acuerdo en que barrio, pero ahí estábamos los
dos, ya no teníamos mas plata para seguir chupando, asi que ya nos mirábamos
nomás, de repente en una mesa vimos una botella de vino de vidrio casi llenita,
y estaba solita… Nos miramos con el Corcho, miramos la botella, -no es de nadie
dijimos, y empezamos a caminar hacia la mesa, y disimuladamente el Corcho se
metió la botella de vino tinto de vidrio entre las ropas para que no lo viera nadie,
salimos despacito y yaafuera empezamos
a apurar el paso con tan mala suerte que ahí nomás en el cordón de la vereda
tropezamos y el Corcho queda abrazado a un poste de cemento y lo escucho:
-¡Ayyyayyyyaayyyuuuyyyayyy!...-el Corcho- yo no quería ni mirarlo.,
-¡Aayyyyayyuyyyayy!, - de nuevo el Corcho-
veo que se mete la mano entre la ropa, saca la mano colorada.
-¡Aaayyyy!... el
lamento y se le escucha como un ruego…
-¡Aaaayyyyyy!...
Diosito querido que por favor... que por favor sea sangre…
Y el “Curdita”
se queda callado…
-Y…- le
pregunto yo- ¿Cómo terminó eso?
-Menos mal que
era el vino tinto nomás, -dice el “Curdita”- pero el Corcho se quería matar, y de
allí es que se hizo ateo.
-Ja. Ja, ja,
nosotros
Estábamos riéndonos todavía cuando vemos
pasar uno que ya no le cabía un cachitito más de mugre, lo señala el “Curdita”
y me dice:
-Sabe como le
dicen a ese.
-¿Cómo?,
-ledigo.
-Ortiga, -me
dice.
-¿Por qué?. –le
pregunto.
-Por que con
tocarlo nomás ya empieza a picar, -dice el “Curdita”
Llego hoy como todos los días y veo al “Curdita”
que está saludando a un hombre.
-Adiós “Curdita” y gracias por todo, -le
dice.
-Adiós, -le dice el “Curdita”.
Ni bien sale, yo me siento en el mismo
lugar de siempre, espero unos segundos y ya me saluda el “Curdita”
-¿Que tal?
-Bien, -le digo.
-Este muchacho que se acaba de ir, -me
dice- es el “Cordero” se acuerda que le dicen así por que tiene cuatro pata é
lanas, y bueno también tiene sus anécdotas.
-A sí, -le digo- y recuerda alguna.
-Y si algunas, -dice el “Curdita”- por
ejemplo un día vino muy enojado y le pregunto que le pasa, a lo que él me
responde
-La verdad que
no doy más de la bronca que tengo
-¿Pero por qué?,
-le pregunto.
-Todas las
tardes cuando llego del trabajo a casa la encuentro a mi mujer con otro vago, y
ya tengo miedo de llegar uno de estos días y cometer una locura, no se que
hacer, ¿qué hago?
-Ja, ja, ja,
nosostros, y ya el “Curdita” corta diciendo
-Si uno se ríe
pero es triste, -y continúa- otra vez cayó a comentarme que había discutido con
la mujer, por que unos amigos le habían dicho que lo engañaba con un guaso del
Comando Radioeléctrico? Y sabe que le contestó la mujer.
-¿Qué?, - le
pregunto.
-Negativo, QCL
barra 5 y Fuera… Así le dijo la mujer, -dice el “Curdita”
-Ja, ja, ja,
nosotros, y el “Curdita que sigue…
-Y resulta que
la mujer ante este escena del cordero se hizo la ofendida por que le dice al marido:
-Para que
sepas, ¡te engaño con tu mejor amigo!
-¿Y qué piensa casarse con vos?, -le dice el
Cordero
-No, -dice
ella.
-Entonces ves…,
no es mi mejor amigo, -le dice el Cordero.
-Ja, ja, ja,
nosotros. Y veo que va pasando por el frente del lugar donde estamos una
morocha terrible.
-¿Sabe como le dice a esa morocha?, me dice el
“Curdita”
Llego una vez
más hasta el lugar donde se encuentra el “Curdita”, y como siempre lo saludo:
-Que tal
“Curdita”, -le digo.
-Bien, -me
responde y sigue- y aquí lo ve, queriendo salir de pobre
-Qué bien, -le
digo.
-Si, -dice-
pero pá más pobre, ¿y usted?
-Y…, -le digo-
bien nomás.
-Ya que ha venido, -dice el “Curdita”- le
voy a contar de una vez que fuimos a ver boxeo con Cara é Ñoqui, por que bien
sabe que a Cara é Ñoqui le gustan todos los deportes.
-Si me acuerdo que
me dijo ya hace un tiempo, -le digo- y hasta me acuerdo de esa vez que me contó
cuando fue a ver al Cara é Poyo, cuando fue a jugar un partido de fútbol para la Villa, y que fue todo de
verde…, camiseta verde, medias verdes, pantalón verde, un equipo bárbaro, pero
no tocaba una, más solo veía pasar la pelota y viéndolo Cara é Ñoqui le grita:
-Che Cara, tai
de jugador o te has disfrazau de yuyo.
-Eso, eso,
-dice el “Curdita”- ja, ja, ja, -y continúa- bueno con él fuimos a ver boxeo.
En una de esas
peleas ya estaba el boxeador tirado sobre el banquito, ya no le entraba ni
siquiera una cachetada más, entonces en el rincón ya sus entrenadores muy
preocupados se consultan entre ellos y hasta uno dice en voz alta:
-¿Qué hacemos, le tiramos la toalla?
-No,-le grita el Cara é Ñoqui desde la tribuna- mejor llévensela,
no vaya a ser que se enoje.
-Ja, ja, ja,
-nosotros.
Y continuaban
las peleas, -sigue diciendo el “Curdita”- y ya en otra resulta… que un negro
estaba cobrando para que tenga y guarde, hasta que en un momento le pegan un trompadón que lo hacen volar hasta
su rincón, y el manager le grita:
-No te levanté
hasta los ocho.
-¿Y ahora que
hora es? –pregunta grogui el boxeador.
-Ja, ja, ja,
-nosotros, yo y el “Curdita que sigue…
Y ya en la mitad
de la última pelea, -continúa diciendo el “Curdita”- veíamos con Cara é Ñoqui
como estaba cobrando el guaso, pero ya ni las manos ponía cuando entonces desde
el rincón le preguntan:.
-¿Te quedan
piernas negro?
-Sssíii, -dice
el boxeador.
-Bueno, rajemos,
antes que éste te mate, -le gritan desde el rincón.
-Ja, ja, ja,
-nosostros.
-Y como siempre
entro a mirar para los costados y uno de los que venía era un flaco con unos bigotazos inmensos,
terribles, y claro lo miro al “Curdita” por las dudas me dijera algo, y si nomás…
-Sabe como le
dicen a ese bigotudo, -me dice el “Curdita”
-¿Cómo? –le pregunto.
-“Cara con dos sobacos”,
-me dice.
- Ja, ja, ja… buena la ocurrencia, -le
digo- y con esto me despido hasta mañana.
El burro que habla de Dios, sexo, hay humor cordooobés.
Bajo este subtítulo: HAY HUMOR CORDOOOBÉS , se va a
poder encontrar, demás está decir que como se va a nutrir de este blog, con
algunos días de antelación las ocurrencias de “La Villa” la van a encotrar aquí.
Muchas gracias
Hoy voy un poco más temprano que otros
días y en el camino me encuentro con Juanita, que viene riéndose sola,
-Que le pasa Juanita, le pregunto.
-Usted sabe, -dice Juanita- al final no
se si hice bien o hice mal, mandando a Jerónimo Luí a la Iglesia
-¿Por qué, que le pasó? –le pregunto y
continúo- Se le cayo la
Iglesia.
-No, pero mire mejor le cuento desde el
principio, -dice Juanita y continúa:.
Resulta que J. L. hay veces que para
ayudarme sale a vender algo, y bueno me cuenta él, que ayer salió a vender el
pato.
Sale con el pato bajo el brazo llega hasta una
casa, le ofrece el pato y la dueña que estaba en camisón lo hace pasar,cierra la puerta y mientras va a buscar
dinero suena el timbre,
-Mi marido -dice- a ver pibe escóndete en
el ropero rápido, el J. L. ni lerdo ni perezoso se metió en el ropero, ¿ y sabe con que se encuentra en el ropero?
-¿Con
qué se encuentra? –le pregunto.
-Con
un tipo en calzoncillos, y ahí nomás trata de aprovechar la oportunidad y le
dice a este señor que está en paños menores.
-Le vendo el pato don, -le dice Jerónimo
Luí.
-¿Qué?, -le dice el tipo- no ve que para
eso estoy yo para comprar un pato ahora.
-Déle don, compremé el pato, -insiste J:
L.
-Pero no nene!!! déjame de inchar!!!
-¿Ah sí?... Me compra el pato o grito,
-ya le dice J. L.
-Tá bien no grites te compro el pato, ¿Y
cuanto vale?
-50
pesos, -le dice J. L.
-Eh, como va a valer 50 pesos esa
porquería de pato, -le dice el tipo.
-Me paga los 50 pesos o grito, -le dice
J. L.
-Tá bien toma los 50.
Pasa unos minutos y el J.L. vuelve a la
carga y le dice:
-Oiga don le compro el pato.
-Shiiii, callate nene no inchés, -le dice
el tipo.
-Me vende el pato o grito, -dice J. L.
-Bueno está bien, ¿cuánto me das?
-10 pesos, -le dice J. L.
-Vos sos loco, -le dice el tipo- me lo
vendiste en 50 y lo querés comprar en 10.
-Me lo vende en 10 o grito , -le dice J.
L.
-Shiiisss, está bien, -le dice el tipo- te
lo vendo pero quedate piola…
Pasa un ratito y puede creer vuelve de
nuevo el J.L. a la carga
-Oiga don, le vendo el pato…
Y así lo tuvo al pobre tipo, vendiéndole y
comprandolé el pato, hasta que al rato se escucha un ruido de puerta, era el
marido que se iba. La mujer abre el ropero y dice:
-Ya no hay peligro se fue mi marido.
Apenas abrió el ropero la mujer el J. L.
salió rajando de la casa con el pato bajo el brazo.
Y cuando llega hasta mi casa, y me dice:
-Má, vos viera el negoción que me hice…
traje toda esta plata y el pato.
Yo no entendía nada, veía un montón de
dinero y el pato, así que le pido que me cuente lo que pasó, me cuenta todo
esto que yo le conté a usted, así que puse cara de enojada y le dije:
-Lo que hiciste está muy mal hijo, así
que te vas ya mismo a la
Iglesia y te confesás.
-Bueno Mama, -me dice Jerónimo Luí resignado.
Se va hasta la Iglesia y me cuenta lo que
le sucedió allí,,, dice que se arrodilla en el confesionario y le dice al cura:
-Padre vengo a confesarme por que he
cometido un pecado muy grave.
-A ver hijo cuenta, cuenta cual es ese
pecado tan grave que cometiste…-le dice el cura.
-Bueno, todo empezó con un pato que
quería vender y…
-Oh Señor mío y Dios mío, -dice el cura-
otra vez vos y tu bendito pato…
Ja, ja, ja, la Juanita y yo, es que no
aguantamos la risa; y con esto les digo hasta mañana.