Llego como
todos los días y lo encuentro al “Curdita” conversando con un morocho, bien
morocho, ya casi tirando a negro.
-Buenas,
-saludo.
-Buenas, -me
saluda el “Curdita”.
-Buenas, -dice
el otro y agrega- bueno “Curdita” me voy, después nos vemos.
Yo miraba nomás
y la verdad que no entendía nada.
-Chau Toly-toly.
–dice el Curdita” que lo despide.
-Ehhh, -le
digo- que le pasa a este que tiene esa cara.
-Lo que pasa,
-dice el “Curdita”- que han desaparecido varios gatos y le echan la culpa a él.
-¿Qué?¿come gatos?, -pregunto.
-¿Gatos?, -dice el “Curdita”- gatos y todo lo
que se le cruza en el camino, con decirle que le llaman “el Hanníbal cordobés”
-No me diga,
-Y si, -dice el
·Curdita” mire que la otra vez venía con una cara peor que la de hoy, le
pregunto que le pasa, ¿y sabe que me contestó?:
-Es que hoy a
las doce me comí un negro tartamudo y todavía lo ando repitiendo.
-Un tartamudo y
todavía lo andaba repitiendo ja, ja, ja, -la risa del “Curdita” que continúa- y
hablando de comida, ahora le cuento dos anécdotas del Toly- toly, una cuando
fue a un comedor.
Resulta que va
el Toly-toly al comedor, se sienta en la mesa y el mozo muy atento le trae la
carta y le dice: sírvase señor la lista de las comidas
-¡No! -dice “el
Hanníbal cordobés”- mejor muéstreme la lista de clientes.
-Mejor muéstreme
la lista de clientes. Ja, ja, ja, -se reía el “Curdita”.
Y otra vez
cuando fue a visitar a un amigo quién lo invitó a almorzar, y ya en el medio de
la comida dice el amigo
-No hay caso,
no puedo tragar a mi suegra.
- Y bueno, -dice “el Hanníbal”- dejala y come las papas.
-Dejala y comé
las papas, ja, ja, ja, nos reíamos nosotros. Cuando ya vimos a uno que venía
por el frente sacando pecho, y me dice el “Curdita”